Una vieja ventana,
con vidrios rotos... ante la incontinencia sentimental rutinaria,
violaron su sed de contener...
y ahora deja pasar el frío abrazador de los inviernos.
Con la pintura descascarada,
ya no hay vestimenta que la devuelva a su juventud...
sin cortinas... que le den ese toque fashion
o no transparenten una noche de pasión.
Su corazón de madera tiene el paso del tiempo...
y la nobleza de sus vetas acaso se esten doblegando,
quizás... hasta en su interior hayan parido termitas
que agujerearon el temple de su integridad.
Aunque sigue presa entre ladrillos
y todos aceptamos la tortura de su quietud
no pierde su postura en el marco
y para cualquiera que transite por allí, solo es una ventana vieja.
Pero tan solo almas sensibles descubren susu secretos...
ya que en el reflejo de los pocos vidrios que tiene... se encuentra la mirada que he amado
y entre las rendijas de sus hojas...
asoma el aroma del que era su perfume.
Siempre en días de lluvia...
vuelve a revivir el corazón que ella dibujaba con su dedo índice
y si eres bueno observando... hay unas pequeñas manchitas en la madera...
son las lágrimas de nuestra despedida.
Raúl Bulacio
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